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Espert: el "antisistema" menos pensado... y el menos creíble

El economista "libertario" se autodefinió así en los últimos días. ¿Se puede apoyar a los empresarios más poderosos, los ganadores de este sistema, y al mismo tiempo decir enfrentarlo?

Miércoles 24 de julio | 09:34

Foto: Espert en la Embajada de EE.UU., en el festejo por la independencia de ese país.
(Tiempo de San Juan)

José Luis Espert es un economista que pertenece a los autodenominados “libertarios”. Se hizo conocido por su participación en programas de televisión cercanos al macrismo. En estas elecciones se presenta por el frente “Despertar” y dice que es un candidato “antisistema”. Sus principales propuestas son el “libre comercio” -en especial con EEUU-, una reforma laboral y recortar el gasto público. Veamos.

Los empresarios, pobres víctimas

Para Espert, el trabajo no registrado existe porque a las empresas les salen caros los derechos de los trabajadores y les cuesta mucho despedir. Su propuesta para solucionar esto es una reforma laboral que empiece por limitar el derecho de huelga.

Muy parecido al discurso de Cambiemos y de gerentes como Marcos Galperín de Mercado Libre, que se viene quejando de lo difícil que es lidiar con sus empleados mientras el valor de su empresa pasa los 30.000 millones de dólares y se ubica como la mejor valuada de Argentina.

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En el mundo hay varios ejemplos que muestran las consecuencias de estas reformas. En España, a partir de su aprobación en 2012, subió la tasa de desempleo y cayó el PBI 2,1% en un año. En Brasil, donde la reforma se aprobó en 2017, es récord la cantidad de gente que busca empleo desde hace dos años o más: son más de tres millones. La tasa de desempleo en 2018 estaba en 12,4%.

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En un país como Argentina, con tanta gente buscando trabajo y con tantos millones de personas laburando 8, 10, 12 horas e incluso más, una solución coherente sería repartir las horas de trabajo. Que todo el mundo tenga empleo y que nadie tenga que dejar la vida en el trabajo. Pero claro, esa política iría en contra de la sed de ganancias de esa pequeña minoría millonaria a la que defiende Espert.

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Libre comercio y confusión

Espert propone liberar el comercio y bajar los aranceles a todos los países que acepten condiciones similares para Argentina. En este punto también coincide con Macri, que fue el impulsor del acuerdo con la Unión Europea que se anunció en estos días y que todavía tiene mucho camino por recorrer para hacerse efectivo.

Este tipo de propuestas profundiza el desarrollo desigual que existe entre las grandes potencias imperialistas y las economías más atrasadas y dependientes -como la de Argentina-, que venden fundamentalmente commodities.

Además, si a un empresario le es más rentable vender sus alimentos en el exterior, entonces van a aumentar los precios para los millones de trabajadores que vamos al supermercado todos los días y vemos cómo cada vez alcanza para menos.

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Diferente sería si se pensara un plan económico basado en las necesidades de las grandes mayorías, para garantizar que nadie se quede sin comida y que hubiera un monopolio estatal del comercio exterior para decidir lo que se importa y lo que se exporta según esas necesidades. ¿Cuántas veces vimos cómo se tiran alimentos cuando hay tantos pobres en Argentina?

La tijera al "gasto público"

Entre sus principales propuestas, Espert propone reducir al gasto público y dice: “Habría que despedir gradualmente a millones de empleados ñoquis, terminar con las jubilaciones y pensiones no sustentadas en aportes previos y eliminar el asistencialismo financiado con transferencias de dinero o tarifas políticas o sociales”. En cambio, propone triplicar el presupuesto para las Fuerzas Armadas.

Sobre la educación dijo: “La universidad yo preferiría que no fuera gratis y usar ese dinero para dar becas a los mejores alumnos. Para subsidiar, en todo caso, parte de lo que cuesta un estudio afuera”. O sea, que los que no pueden pagar se queden sin estudiar para que los hijos de los ricos vayan a profesionalizarse a Estados Unidos o Europa. También piensa en un esquema de subsidios por igual para la educación pública y la privada.

Hoy en nuestro país, 3 de cada 4 estudiantes que empiezan una carrera terminan dejando por falta de plata, de tiempo o ambas. La solución es subir el presupuesto para educación y otorgar becas integrales para cualquier persona que quiera hacer una carrera. Se podría hacer sacándole los subsidios a las escuelas privadas o imponiendo mayores impuestos sobre los grandes capitalistas.

Ser anti-sistema es ser anti-capitalista

Espert dice que al FMI, además de pagarle todo, hay que pedirle más plata. También, que si uno es pobre no puede estudiar y tiene que laburar como un burro. Y si alguien se queja, está bien que lo echen sin pagarle un peso. Al final, es lo más “pro” sistema que hay.

Del otro lado de la realidad, la izquierda propone medidas como no pagar la deuda y poner esos recursos para terminar con el hambre, la falta de educación, de salud, de vivienda y que no haya más trabajo precario. Son medidas que cuestionan, de verdad, el funcionamiento de un sistema que es todo lo que está mal.

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