Política

RECLAMO SALARIAL

El último round del año contra el ajuste

Después de un año de alta inflación, crecen las demandas, paros y movilizaciones por el salario, el mal llamado impuesto a las ganancias, y bonos de fin de año. El FIT presentó un proyecto por un bono de emergencia y el kirchnerismo acusa de desestabilizadores a los que luchan por sus demandas. Mientras tanto, continúa la lucha contra los despidos en Lear.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Sábado 8 de noviembre de 2014 | Edición del día

"No la veo”, contestó el ministro Axel Kicillof cuando le preguntaron si el salario experimenta una pérdida del poder adquisitivo, dándole así la espalda a los millones y millones de trabajadores que este año vieron caer sus ingresos frente a la inflación.

“No hagamos el juego a quienes tratan de instalar un diciembre de quilombo en la Argentina”, continuó el funcionario nacional en el programa televisivo Minuto 1. El ministro le llama “quilombo” a las legítimas demandas por el salario, a la vez que advierte a las empresas que no le compliquen el panorama laboral o la salida de dólares. Pero mientras para los empresarios esto implica que se la siguen llevando en pala, para los trabajadores esta política significa que continúan la inflación, los despidos y las suspensiones. Alguno en el gobierno habrá pensado también: “y al que haga quilombo, le mandamos a Berni y la represión de Gendarmería”.

Esa es la ubicación del gobierno frente a los reclamos que exigen recomposición salarial, eliminación del impuesto al salario y bono de fin de año, el último round del año contra el ajuste. Es que en los últimos días se dieron a conocer nuevas medidas de fuerza, como la de los docentes bonaerenses que harán un paro de 48 horas el 11 y 12 de noviembre frente a la caída del salario, la de sus pares catamarqueños que finalizaron dos días de paro y anunciaron medidas de fuerza por 72 horas para la semana próxima, o la jornada de protesta de los estatales de Mendoza, que se repetirá los próximos jueves. A su vez, la CTA de Micheli ya había anunciado una marcha a Plaza de Mayo para el 20 de noviembre, y los bancarios y petroleros, entre otros, pusieron en el centro su reclamo por el impuesto al salario (un verdadero robo que en estos días justificó Capitanich en conferencia de prensa). Todas estas demandas se dan después de un año en el que los sueldos perdieron la carrera frente a la inflación.

Estos reclamos y medidas abren la necesidad de una lucha unificada del conjunto de los trabajadores por la recomposición salarial a fin de año. Sin embargo, el gran límite son las direcciones burocráticas de los sindicatos, tanto oficialistas como opositoras.

Frente al malestar, hasta los dirigentes sindicales oficialistas como Yasky o Caló, que fueron cómplices del ajuste todo el año, se ven obligados a reconocer la situación y exigen de palabra un bono de fin de año, aunque no pasan de las palabras a los hechos y no han convocado a ninguna medida de fuerza, al igual que la CGT de Moyano, que después de los dos paros nacionales continúa la tregua con el gobierno y sólo busca usar la fuerza de los trabajadores para llevar agua al molino de la oposición patronal y posicionarse de cara al próximo gobierno, que sea cual sea querrá una transición ordenada.

Por eso es necesaria la unidad de la izquierda y los sectores combativos, para exigirle a las centrales sindicales un paro activo de 36 horas por la reapertura de paritarias, un bono de fin de año de $4000 y en apoyo a Lear y todas las luchas contra despidos.

A su vez, el diputado nacional Nicolás del Caño presentó en el Congreso nacional un proyecto de ley para que se haga efectivo un pago extraordinario salarial de emergencia de 4 mil pesos a todos los trabajadores estatales y privados, efectivos, contratados y en negro, a ser abonado por los empleadores antes de fin de año. Además, la iniciativa establece que los jubilados y pensionados y los beneficiarios de planes sociales y asistenciales perciban un pago extraordinario de 3 mil pesos. El proyecto de ley postula que “a una situación extraordinaria hay que darle soluciones extraordinarias. La inflación no baja del 35% anual y se sigue comiendo los aumentos de salarios que en promedio no superaron el 30%”.

Es que llegando a fin de año, ya podemos decir que el 2014 fue un año en el que el kirchnerismo se jugó a descargar la crisis económica sobre los trabajadores y el pueblo pobre, y a la vez emergió la resistencia de los trabajadores con dos paros nacionales, luchas emblemáticas como Lear y Donnelley y grandes huelgas por salario como la lucha de los docentes bonaerenses de 17 días. Sobre la base de la resistencia a la crisis, al giro a derecha y a las represiones del gobierno, se desarrolla la construcción de una izquierda de los trabajadores, que opone otra salida a la crisis frente al gobierno y las variantes de oposición de los partidos tradicionales, de forma independiente de las centrales sindicales oficialistas que se subordinan el gobierno, y de las opositoras que sólo buscan posicionarse para después de 2015, ofreciendo ahora una tregua para garantizar una transición ordenada.







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