Política

EDITORIAL

Crisis y oportunidades en tiempos de coronavirus

Los cambios en los sentidos comunes y la disputa por una salida anticapitalista frente a la crisis de desató el COVID-19 fueron abordados en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 29 de marzo | 22:18

  •  La crisis desatada por la pandemia del coronavirus abrió un sinfín de discusiones y una polarización: por lado, aquellos que dicen que es una de las peores epidemias de todos los tiempos y una de las más letales, por lo tanto las medidas drásticas son más que necesarias. Por el otro, aquellos que aseguran que todo el revuelo armado alrededor del COVID-19 es una absoluta exageración, intencionalmente generada para provocar el pánico en la población, fortalecer el poder punitivo de los estados e incluso resolver algunas de las crisis que atraviesa el capitalismo contemporáneo.

  •  La realidad es que con los datos que tenemos hoy y tratando de desmalezar la “pandemia” informativa, la sobreproducción de versiones y rumores, es muy difícil saber en qué punto está la verdad. Probablemente, el tiempo y las consecuencias sanitarias que deje el virus permitan acercarse a ella.

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  •  Es menos discutible, sin embargo, lo que desnudó la crisis: las condiciones de vida, salud y trabajo de gran parte de la población en el mundo. Las consecuencias de la mercantilización de los sistemas de salud (lo que implica su destrucción como servicio público), Italia en este aspecto es un ejemplo paradigmático o las implicancias del capitalismo salvaje en las condiciones precarias de trabajo o vivienda. Ambas cuestiones que en nuestro país hoy impiden a una parte considerable de la población cumplir con la, aparentemente, inofensiva consigna de “quedate en casa”.
  •  Lo interesante es que esto queda en evidencia ante los ojos de amplios sectores sociales y, de hecho, está provocando el quiebre ideológico del más radical de los paradigmas capitalistas: el neoliberalismo.
  •  Antonio Gramsci decía que “Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales; solamente pueden crear un terreno más favorable para la difusión de ciertos modos de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo posterior de la vida estatal”. Se puede aplicar el razonamiento para la crisis actual, aunque no sea exclusivamente económica, pero que evidentemente tendrá consecuencias económicas y sociales catastróficas, como aseguran prácticamente todos los analistas de cualquier ideología.
  •  Empiezan a quedar claras o visualizarse algunas cuestiones: en primer lugar que este tipo de crisis no son “desastres naturales”. El intelectual y geógrafo británico, David Harvey, escribió en un artículo titulado Política anticapitalista en tiempos de COVID-19: “Adopto una visión más dialéctica y relacional de la relación metabólica con la naturaleza. El capital modifica las condiciones medioambientales de su propia reproducción, pero lo hace en un contexto de consecuencias involuntarias (como el cambio climático) y con el trasfondo de fuerzas evolutivas autónomas e independientes que andan perpetuamente reconfigurando las condiciones ambientales. Desde este punto de vista, no hay nada que sea un desastre verdaderamente natural.”
  •  Esto lo perciben muchas personas y está presente en la discusión sobre “achatar la curva” de contagios para evitar muertes: lo que confiesa esa estrategia es que el problema radica menos en el virus que en las insuficiencias de los sistemas de salud para tener herramientas, profesionales, infraestructura y presupuesto para enfrentar una pandemia de estas características, cuando hace tiempo los especialistas vienen alertando sobre la posibilidad de su aparición. El problema, en última instancia, no es el virus, es el desprecio del “sistema” por la salud pública. El discurso que dice que es un “enemigo invisible” y las metáforas bélicas quieren ocultar la verdadera responsabilidad de una clase dominante por destruir todo aquello que no genere valor mercantil. O por guiar el funcionamiento de esas actividades en función de la generación de valor y ganancia, lo que implica liquidarlos como servicios sociales más o menos universales.

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  •  Estos cambios silenciosos y por ahora pasivos (lógicamente, porque la cuarentena implica el encierro), sin embargo no dejan de manifestarse: en nuestro país, la consultora Analogías interrogó en su último estudio a las personas alrededor de si creían que el Estado debía tomar el control de la producción y la distribución de los bienes esenciales si los empresarios especulan con los precios: un 82% respondió afirmativamente. Mientras que un trabajo terminado en estos días por la consultora Zuban Córdoba y Asociados de Gustavo Córdoba reveló que el 57% de los consultados estaría a favor de nacionalizar el sistema de salud frente a la crisis.
  •  Gobiernos de distintos países (Irlanda o España, para tomar dos ejemplos) “nacionalizaron” o seminacionalizaron los sistemas de salud al declararlos de utilidad pública. Esto, a su manera y distorsionadamente es un “homenaje” a la necesidad de terminar con la anarquía que impone el orden del capital y planificar la economía en función de las necesidades sociales.
  •  Me permito otra cita de un pensador revolucionario, ya que estamos viviendo momentos extraordinarios. Lenin (el dirigente de la Revolución de Octubre en Rusia) decía que en momentos de crisis o catástrofes “la realidad explica nuestro dogma”: lo que hasta ayer era tildado de irracional o delirante, ahora es pensado como absolutamente racional y necesario.
  •  Hay más conclusiones o semiconclusiones que se sacan al calor de la experiencia de esta crisis: que es la clase trabajadora es la que se pone al frente de la solidaridad y la que maneja los resortes claves para enfrentar la pandemia; que, en promedio, porque no hay que idealizar a los sectores populares, pero en promedio, los actos individualistas provienen de los empresarios: Farmacity acumulando alcohol en gel para especular en plena pandemia; Paolo Rocca despidiendo a 1500 operarios que trabajaban para Techint en plena crisis o los especuladores que remarcan precios en medio de este desastre. Como un ejemplo contrapuesto a esto: los obreros y obreras de la empresa recuperada Madygraf (ex – Donnelley) reconvirtiendo su producción para fabricar alcohol y barbijos especiales.
  •  Ahora, hay que alertar sobre una operación en curso para reconducir estos reflejos o intuiciones “antiempresarias” o “anticapitalistas” en el sentido de emparchar al neoliberalismo con algunas dosis de estatismo o apostar a nuevo “pacto estatal-societal” que implique la construcción de un “neoliberalismo social o de opción por los pobres”. Hay una disputa programática e ideológica que dar para apostar a una salida anticapitalista que de vuelta la lógica de conjunto y no que cambie algunas cosas para que lo esencial siga más o menos igual. Esa lucha está abierta, para enfrentar no sólo las consecuencias inmediatas de la pandemia, sino también la catástrofe económico social que amenaza con venir.





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