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Boca: sólo una cuestión de actitud

El equipo de Arruabarrena debutó en su etapa post-Bianchi ganándole 3-1 a un pálido Vélez que llegaba como puntero. ¿La fórmula? Encontrar la "actitud" perdida al mando del DT más ganador de la historia.

Lionel Pasteloff

@queenlionel

Lunes 1ro de septiembre de 2014 | 04:18

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El fútbol es un estado de ánimo, dicen algunos entendidos. Eso explicaría tal vez el cambio que Arruabarrena logró introducir al sentarse por primera vez en el banco local de Boca. Ese equipo desangelado que perdió contra Rafaela por errores puntuales y contra Estudiantes sin exhibir nada de orgullo, se convirtió en un equipo por momentos rabioso que se comió crudo al que venía arrasando en el campeonato.

Los cambios que introdujo Arruabarrena fueron visibles. Resucitó a Colazo en la izquierda, Meli debutó como titular, ingresó Acosta para acompañar en la creación. Gago se repartió el medio con el ex Colón y no muchas más diferencias. Pero claro, está el tema de la actitud y la aptitud, ese hilo delgado que va más allá de la letra de distancia.

En el primer tiempo Boca alcanzó a ser más sin ser mucho, lo que da cuenta de su rival. Una escapada de Calleri que fue salvada en la línea se destacó como lo más peligroso. Vélez se dejaba someter, aunque parecía esperar el momento para hacerse dueño del partido. Hacia el final de esa etapa inicial, un zapatazo de Correa tras una buena combinación puso el 1-0 para el visitante. Otra vez al descanso con un golpe al final.

Pero esta vez las respuestas anímicas aparecieron. El Cata Díaz se encontró solo en el área y fue bien buscado, dos hechos que pocas veces ocurrieron en los tiempos recientes. Empate y a seguir buscando. Meli, de destacada labor, empujó una pelota en el área y puso justicia. Por momentos, los de Arruabarrena olvidaban su actualidad y pasaban por arriba a un Vélez sin respuestas

Pero Boca sabe (o cree saber) que no le sobran monedas, por lo que se dedicó a manejar la pelota e intentar hacer correr el tiempo. Vélez amenazó reaccionar, sin concretar demasiado. Ingresó Castellani y se fue expulsado casi inmediatamente, de manera algo exagerada. Con uno menos, hacía falta carácter para sostenerlo.

No hubo que aguantar demasiado. El ingresado Gigliotti comandó una contra y asistió a Chávez, otro suplente, que puso el 3-1 previo a sus lágrimas, resumiendo quizás cierto alivio. En el caso particular del goleador, la descarga explicaría su andar acelerado hasta el momento.

Boca se fue aplaudido, entre la euforia de un público que no se olvidó de Bianchi y se hizo tiempo para insultar a la dirigencia, a la que cuestionó severamente en la asamblea del viernes. De los jugadores y su actitud dependerá el futuro del equipo. De los hinchas y su actitud, dependerá el futuro del club.







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