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La Izquierda Diario
28 de mayo de 2016 Twitter Faceboock

IGLESIA Y DICTADURA
¿Por qué Hebe le pidió perdón a Bergoglio?
Daniel Satur | @saturnetroc

Ayer el Papa recibió en el Vaticano a la Madre de Plaza de Mayo. Lejos de verse obligado a pedir disculpas por su complicidad con la dictadura, fue bombardeado a elogios.

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Mientras en Argentina transcurría el mediodía gris y frío, en Roma se producía un encuentro inesperado años atrás. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue recibida en visita oficial y privada por la máxima autoridad de la Iglesia Católica mundial.

El encuentro entre Hebe de Bonafini y Jorge Bergoglio fue la nota de color de casi todos los medios masivos. Pero a la vez fue un suceso revulsivo para muchos sobrevivientes y familiares de víctimas del genocidio. Sobre todo porque el Sumo Pontífice tuvo una actividad concreta durante los años de la dictadura argentina , y no precisamente luchando por los derechos humanos.

Por caso, aún faltan escribirse un par de capítulos de la historia de Ana Libertad, la hija de Elena de la Cuadra y Héctor Baratti que fue robada en 1977 tras el secuestro y desaparición de sus padres. El caso fue uno de los tantos que conoció el entonces líder de los jesuitas argentinos Jorge Bergoglio, aunque años después intentaría lavar su imagen diciendo que él no sabía nada sobre el plan sistemático de bebés.

“El rol de Bergoglio fue proteger a los ejecutores de la dictadura”, dijo a este diario hace tiempo Estela de la Cuadra, tía de Ana Libertad (recuperada en 2014) e hija a su vez de Alicia "Licha" Zubasnabar de De la Cuadra, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo.

Perdonar es divino

Ayer Hebe de Bonafini no habló de Ana Libertad con Francisco. Tampoco de la necesaria apertura total de los archivos que siguen en poder de la jerarquía eclesiástica argentina y romana y en cuyos documentos pueden hallarse pruebas valiosas sobre el destino de miles de desaparecidos y niños apropiados. Menos aún hablaron la Madre y el Papa de la complicidad histórica y sostenida de la Iglesia con el genocidio y sus responsables militares y empresarios.

No. La propia Hebe se encargó de dejarlo en claro apenas terminada la reunión. En conferencia de prensa, explicó cuáles fueron sus planteos hacia el monarca del Vaticano.

“En realidad no hablamos de los desaparecidos”, aclaró, ya que ella no fue para “hablar cosas personales, ni de las Madres, ni de los juicios”. Por el contrario, fue a hablar “de la falta de justicia y de la justicia que está al servicio de Macri para condenar a Cristina, a los ministros y al que sea”.

En ese sentido Bonafini dijo que necesitaba ir hasta Roma a decirle a Bergoglio que “nuestra Patria necesita de su palabra, que este gobierno en cinco meses destruyó lo que se hizo en doce años, que hay mucha violencia institucional, de todo tipo”.

Hebe agregó que en Argentina están “muy afligidos porque quieren obligar al pueblo a vivir otro diciembre de 2001, saliendo a la calle a asaltar supermercados” y que, por eso, “necesitamos de verdad” su palabra. De allí que le pidió que visite pronto Argentina.

“Somos un pueblo que sufrió demasiado y que fuimos felices durante doce años. Tal vez, por eso, no estábamos preparados para esto. Hay que prepararse para la solidaridad porque hay miles sin trabajo”, dijo que le dijo.

Consultada por la prensa sobre su cambio de concepto respecto a Bergoglio, Bonafini dijo que “pasaron muchas cosas que para nosotros son muy importantes y nos demuestran que Francisco está con el pueblo y no con los poderosos”. Y en ese sentido lanzó que con Francisco le pasó “lo mismo que con Néstor Kirchner”. “Se lo dije, le dije que me disculpaba porque me había equivocado, que había pensado lo mismo que con Néstor, que no eran lo que parecía. Uno tiene que reconocer cuando se equivoca y eso hacemos las Madres”, concluyó. Música (sacra) para los oídos sacerdotales.

Un pañuelo y un rosario

“Las Madres le trajimos un pañuelo hecho en venecitas blancas bordeado de madera de Petiribi del sur argentino”, dijo Hebe en la conferencia de prensa. “Y le trajimos un pedacito de ladrillo de una pared que se cayó hace poco en la Casa de las Madres porque Aysa, la compañía de agua, dejó entrar el agua, y la estamos reconstruyendo y con los pedacitos se los estamos regalando a los amigos, ya que es parte de los cimientos de la casa de las Madres”, agregó.

A su vez informó que El Papa le regaló un rosario y una plaqueta “muy hermosa con una virgen con un niño en brazos, que viene a ser el niño que nos falta a nosotros”.

“No sé cómo será la relación con la Iglesia a partir de ahora”, dijo la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Aunque se deja entrever que será una relación de amistad. “Nosotros tenemos mucha relación con los curas que trabajan en las villas pero no con los obispos. Ellos son muy conservadores. Eso se lo dije al Papa, que los obispos eran muy conservadores. Los sacerdotes son una maravilla”, dijo con una atípica sonrisa.

La década perdida

Hace nueve años nadie imaginaba que Bergoglio, el cómplice de la dictadura, el cruzado contra la ley de Matrimonio Igualitario y el aborto legal, seguro y gratuito, el referente con sotana de la oposición derechista en Argentina, iba a ser el próximo Papa.

Eran los tiempos en que Hebe, abocada a defender con uñas y dientes al gobierno kirchnerista, descargaba diatribas en cada ronda tradicional de los jueves en Plaza de Mayo, frente a la Catedral Metropolitana donde “trabajaba” el entonces Arzobispo de Buenos Aires.

El 11 de junio de 2007 la Asociación Madres de Plaza de Mayo publicó, con la firma de la proopia Hebe, un comunicado titulado “El fascismo ataca desde Macri, Bergoglio y Bendini”. Y no ahorraba ningún epíteto dirigido al futuro Papa.

“Las Madres de Plaza de Mayo repudiamos las palabras del Cardenal Bergoglio durante su homilía del sábado pasado porque se quiso proteger. Ellos saben que son cómplices de la dictadura. Ni la Iglesia, ni la Justicia condenaron a ninguno de los Obispos por lo que hicieron. Ni a los que bendecían cuando tiraban a nuestros hijos vivos al río, ni a los que les pegaban cuando los estaban torturando. No olvidamos que les decían ‘siete horas de de tortura no es pecado’ cuando estaban estaqueados”, decía el comunicado.

Y continuaba denunciando que “ahora dicen ‘basta, termínenla’ porque necesitan que se olvide. Pero no se puede borrar. Los obispos tenían sueldos de los jueces de instrucción. Los sacerdotes estaban a cargo de la Policía y algunos de ellos, además, tenían armas”.

“La basura va junta, Macri, Bendini y Bergoglio. Son de la misma raza y de la misma ralea. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura. Son la dictadura misma”, sentenciaba Hebe hace menos de una década.

“Si me usa no es mi problema”

Bergoglio puede perdonar y reconciliarse, pero no olvidar. Horas antes de recibir a Hebe y su comitiva en la residencia de Santa Marta, le mandó un e-mail a un amigo suyo que vive en Argentina aclarándole que él la recibe porque es un simple pastor de Dios. Al menos eso publicó la agencia de noticias gubernamental Télam, que dijo haber accedido al texto a condición de no decir quién fue el destinatario.

“Parece que la piedra del escándalo es que yo reciba a la señora Bonafini”, dice Francisco en la misiva. “Sé bien quién es, pero mi obligación de pastor es la de comprender con mansedumbre. Esta señora, desde la plaza, me insultó varias veces con artillería pesada pero a una mujer a quien le secuestraron los hijos y no sabe cómo y cuánto tiempo los torturaron, cuándo los mataron y dónde los enterraron, no le cierro la puerta. Lo que veo allí es el dolor de una madre. Si me usa o no me usa no es mi problema. Mi problema sería no tratarla con la mansedumbre de pastor”, agregó Francisco.

El interés de Télam (es decir del gobierno de Macri) en publicar las palabras de Bergoglio es obvio. Cuando, en febrero, el presidente apenas pudo conversar con el Papa no más de 20 minutos comprendió que no siempre desde el Vaticano vendrían buenas nuevas.

Las dos horas de Bonafini con Bergoglio, con carácter de reunión privada, resultaron demasiado para el macrismo. A esta altura ni Dios debe saber si el amigo papal, el del e-mail, consultó antes con Francisco entregar el texto a Télam o se cortó solo para embarrar un poco la cancha.

¿Con qué necesidad?

Las razones últimas que llevaron a Hebe de Bonafini a pedirle perdón a Jorge Bergoglio, en la misma Santa Sede que tantas veces blasfemó, exceden las capacidades de esta crónica.

Pero sí es menester decir que no resulta gratuito el gesto que ayer consumó la histórica referente de la lucha por los derechos humanos, quien en el pasado recorrió el mundo denunciando a los genocidas y a sus cómplices civiles, políticos, judiciales y eclesiásticos.

Sobre todo no pasa desapercibido semejante gesto ante los ojos y los oídos de tantos sobrevivientes del genocidio y familiares de las víctimas que aún hoy esperan verdad y justicia.

No pasa desapercibido para Estela de la Cuadra, la tía de Ana Libertad. Y tampoco para Jorge Sobrado, uno de los sobrevivientes de la dictadura que ayer, mirando las noticias, necesitó expresar sus sentimientos.

“El 30 de mayo se cumplen 40 años que me chuparon en Córdoba. Conocí desde adentro los horrores de los campos de concentración y las cárceles de la dictadura, donde 30.000 compañeros dejaron sus valiosas vidas en aras de cambiar el mundo”, dijo a este diario el exdetenido desaparecido.

Sobrado, quien milita en el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), consideró un grave “salto” el de Hebe, al entregarle “el pañuelo de las Madres a Bergoglio, hoy Papa Francisco, quien fue cómplice de la dictadura junto con su Iglesia”.

 
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