Cultura

NOVELA NEGRA

Todo Negro (IV): Femicrime

Como parte del nuevo boom de la novela negra, crece la presencia de las mujeres como protagonistas (ya no tan solo víctimas), tanto en la literatura como en las series.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Miércoles 15 de octubre de 2014 | Edición del día

Aunque siempre existieron autoras, nunca hubo tantas como hoy, pero lo más llamativo es la cantidad de protagonistas. La tendencia crece, y en inglés ya se empieza a acuñar el término femicrime (femicrimen) como una variante propia de la novela negra.

En literatura, son cada vez más las detectives, periodistas e investigadoras a la cabeza de las investigaciones. Pero fue Lisbeth Salander (de Stieg Larsson) la que marcó las rupturas más importantes y expresó muy bien la transición de mujeres-víctimas a mujeres-protagonistas. Porque Lisbeth es una víctima que se niega a serlo y toma el toro por las astas, en un proceso plagado de obstáculos y sufrimientos.

Para la mayoría de las protagonistas el paso ha sido de ayudantes, secretarias o forenses, a detectives, agentes o comisarias. Entre las europeas, una de las pioneras fue la Petra Delicado de la española Alicia Giménez Bartlett. También está la policía Norma Forrester de Teresa Solana, que marca además algunos rasgos que escapan a la deriva de los personajes femeninos atrapados en la reproducción de roles tradicionales: Norma está casada pero tiene amante, tiene un hijo pero no es de su marido, sino de su cuñado, no tiene una familia “perfecta” ni de lejos.

Y no es un fenómeno solo europeo: en América Latina también hay "chicas de armas tomar", en Argentina la Verónica Rosenthal de Sergio Olguin, y en México, la genial aunque efímera Olga Lavanderos de Paco Ignacio Taibo II.

Sin embargo, es bastante común que los personajes femeninos se presenten mediante dos clases de estereotipos: los que reproducen los roles patriarcales (la virgen, la esposa, la madre), o los que reproducen los prejuicios sobre las mujeres que no cumplen esos mandatos (frías, calculadoras, sin sentimientos, con un perfil “masculino”).

En una posición similar con respecto a los prejuicios machistas está la protagonista de la serie The Fall, la detective Stella Gibson (Gillian Anderson). Una mujer fuerte e independiente, obsesiva de su trabajo y dedicada a su carrera, pero que es una mujer como cualquier otra. Tiene amigas y colegas, y se ocupa de todo en su vida, desde hacerse la comida hasta limpiar su casa.

Justamente la primera escena de The Fall encuentra a Gibson en pijama, limpiando el baño. La acción muestra su perfil obsesivo (algo que sospechamos de cualquier detective), y a la vez la despoja de superioridad.

Pero la acción elegida habla además de un universo femenino, cada vez más presente. La misma persona que arregla su departamento, más tarde encabeza la investigación (y decimos universo femenino porque, ¿cuántas veces vimos a protagonistas masculinos limpiando su baño antes de ir al trabajo?).

Este perfil no estereotipado se refuerza con el hecho de que Stella tiene una vida sexual abierta, esto le da fortaleza al personaje, es parte de su independencia y provoca más de un choque con los prejuicios de sus colegas y superiores varones.

Gibson no está sola. En The Killing, Sarah Linden (Mireille Enos) lidera el equipo que investiga los asesinatos en Seattle. En The Bridge, Sonya Cross (Diane Kruger) está a la par de su colega mexicano en la investigación del asesino de mujeres. Y en Top of the lake la detective Robin Griffin (Elizabeth Moss) investiga la desaparición de una chica de 12 años embarazada.







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