TRIBUNA ABIERTA

Represión y género: aunque la mona se vista de seda…

Bajo la multiplicación del movimiento feminista, desde el gobierno de Cambiemos se dieron una serie de leyes con el “objetivo” de implementar la “perspectiva de género” en las instituciones estatales. Sin duda, una de ellas son las fuerzas de (in)seguridad.

Clara Ríos

Liga Socialista Revolucionaria

Jueves 19 de diciembre de 2019 | 22:44

A fines de 2016 se sancionó la ley de “Perspectiva de Género en la Formación Policial” otorgándole prioridad para cargos de ascenso a quienes acrediten especialización en materia de género, diversidad, abordaje de las violencias y perspectiva de derechos de niñas, niños y adolescentes. Previamente, Malena Iglesias fue la primera policía trans en ingresar a la Policía Bonaerense y su bautismo fue un operativo en la “zona roja” de La Plata. Luego, a mediados de 2017, Patricia Bullrich consideró un “acto de justicia” la reincorporación de una mujer trans a la Policía Federal asegurando que las cuatro fuerzas estarán “abiertas a respetar las decisiones individuales” de sus integrantes. Para no dar puntada sin hilo, en octubre del mismo año, sancionó el protocolo de detención para personas LGBT. ¿Quién mejor que una trans para reprimir a otras trans/travestis?

Siguiendo en la misma sintonía, éste año se implementó el “Programa de Transversalización de la Perspectiva de Género en las Fuerza de Seguridad” con el fin de “diseñar estrategias destinadas a la igualdad de género”, lo que se tradujo en una mayor incorporación de mujeres a las fuerzas represivas: el 52 % de quienes aspiran a la Policía de la Ciudad son mujeres. No es casualidad, más mujeres policías cuando somos más las que salimos a la calle.

También se llevaron a cabo las primeras “Jornadas Internacionales sobre Perspectiva de Género para Fuerzas de Seguridad y Policías de Latinoamérica” organizadas por las policías de América (AMERIPOL); a las mismas asistieron representantes de Brasil, Perú, Bolivia, Panamá, Chile, Costa Rica, Guatemala y de las provincias de Argentina, dando cuenta de que es una política que excede las fronteras nacionales.

Coherente con ésta línea, el último Día Internacional de la Mujer Trabajadora un grupo de mujeres autodenominadas “Red de Mujeres Policías” se manifestaron en contra de reprimir la movilización convocada para ese día: “No es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras”, “somos trabajadoras, nuestro lugar no es el de reprimir, sino el de capacitarnos y promover, como mujeres, una mayor perspectiva de género en las fuerzas de seguridad”.

Con la nueva gestión de gobierno les representantes de los ministerios de Seguridad y Defensa proponen una reforma en las instituciones represivas.

Sergio Berni, ex secretario de Seguridad de Nación y nuevo ministro de Seguridad de Provincia, es conocido por su accionar represivo en el Parque Indoamericano y por la represión a trabajadores en Panamericana. Sabina Frederic es la nueva ministra de Seguridad nacional y ex funcionaria del Ministerio de Defensa durante la gestión de Nilda Garré quien, entre otras cosas, implementó el Proyecto X utilizado para reprimir en movilizaciones; Agustín Rossi vuelve a ser Ministro de Defensa (2013-2015). Les tres nos hablan de la necesidad de capacitar y profesionalizar a las fuerzas represivas orientándolas hacia una asistencia social a la comunidad.

Pero… ¿Qué significa esto? ¿A la policía le faltaba (o le falta) perspectiva de género para cambiar su función social? ¿Deja de ser el brazo armado del Estado por tener “mayor” profesionalización? ¿Dejan de ser el “perro guardián” de la burguesía, de quienes tienen el poder?

De ninguna manera. El Estado capitalista se reservó para sí el monopolio del uso de la violencia. Las fuerzas represivas son una de las instituciones que ejercen el control y disciplinamiento sobre la clase trabajadora y oprimida sin distinción de género, a fin de reproducir el orden social existente. Sabemos que el régimen no se sostiene a pura represión sino a través del consenso, y siendo las instituciones represivas las que ejercen la violencia estatal no resulta extraño que se implemente una “perspectiva de género” o “profesionalización” a fin de reforzar el consenso y hacerlas más soportables.

Con el supuesto de “interpelar el statu quo machista, patriarcal y violento dentro de las fuerzas” se busca desdibujar su rol esencial en la reproducción del sistema patriarcal-capitalista, colocando un signo igual entre las guardianas del orden existente y las mujeres que peleamos por nuestros derechos y reivindicaciones.

Pero no hay aggiornamiento que pueda cambiar la función esencial de las instituciones represivas: son lo que son, y no es nuestra tarea reformarlas sino denunciarlas y enfrentarlas, porque su objetivo es reprimir más y mejor al proletariado en su conjunto.

Que un grupo de mujeres policías exprese no reprimir un día al año, el 8 de marzo, no significa que debamos solidarizarnos por ser mujeres, por “sufrir la opresión patriarcal dentro de la institución”, mucho menos que dejemos de denunciar su accionar represivo. Ellas –y también ellos– son quienes nos reprimen en cada movilización de estudiantes, trabajadores, docentes, de la diversidad, etc.; son quienes, a través del gatillo fácil matan a la juventud pobre en los barrios: la policía Carla Céspedes, que logró la impunidad luego de fusilar por la espalda a plena luz del día a Ariel Martín Santos, nos exime de mayores ejemplos. Con perspectiva de género –o sin ella– no dejan de ser una institución que debemos derribar.

La problemática de género atraviesa todas las clases sociales, y por ende el feminismo como movimiento es policlasista; por eso es necesario identificar las demandas específicas del movimiento de conjunto al mismo tiempo que resulta imperioso conquistar nuestras propias demandas como mujeres de la clase trabajadora, opuestas a los intereses de la clase dominante.

Es necesario aunar la lucha contra el patriarcado junto a la pelea de les explotades contra el sistema capitalista que cada día expresa su barbarie y putrefacción dejando más y más muerte y violencia: más de 17.000 asesinatos en lo que va del año producto de la “guerra contra el narcotráfico” en México; 352 personas con lesiones oculares, 23 muertes y un “sin número” de violaciones y desapariciones por la represión en las movilizaciones de la rebelión popular chilena, así como también, más de 30 muertes por el golpe de estado en Bolivia; siempre, las muertes, están de nuestro lado. Por esto, entendemos que es necesario dar la pelea de fondo por la revolución socialista y terminar con todo tipo de violencia y opresión producto de una sociedad dividida en clases y patriarcal, es lo que nos permitirá sentar las bases para vivir en una sociedad más libre e igualitaria en la que las mujeres deberemos seguir peleando por nuestras demandas.







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