Economía

COLUMNISTA INVITADO

La fuga de capitales 2016-2019: ¿cómo leer el balance cambiario?

Miércoles 27 de mayo | 22:51

Recientemente, el gobierno nacional publicó un informe especial sobre la fuga de capitales registrada durante el gobierno de Mauricio Macri, en 1996-2019 [1]. De acuerdo al estudio elaborado por el Banco Central, la exportación total de capitales al exterior ascendió, en esos años, a 86.200 millones u$s. Esta filtración de divisas arrancó con la liberación del mercado de cambios, dispuesta por Prat Gay a fines 2015 y finalizó en setiembre de 2019 cuando los dólares del banco central se terminaron y Lacunza tuvo que hacerse cargo de la cartera económica en reemplazo de Dujovne.

La mencionada cantidad de 86.200 millones u$s surge de la columna formación de activos netos del sector privado no financiero del balance cambiario, a la que el Banco Central califica de fuga de capitales. En efecto, este cómputo es uno de los criterios para medir la exportación del excedente al exterior llevada a cabo por la burguesía. Las compras de dólares, que aparecen clasificadas por monto, muestran que se está frente a transacciones llevadas a cabo primordialmente por esa clase social. Al mismo tiempo, el elevado número total de compradores revela el dramático proceso de dolarización que atraviesa la Argentina desde hace tiempo, por cuanto la divisa estadounidense cumple la función monetaria de medio de ahorro.

El ciclo macrista fue una ofensiva contra el ingreso y el empleo de los asalariados, que elevó a niveles dramáticos el elevado porcentaje de pobreza de las últimas dos décadas, a partir del pico de 2002. Impulsó la desindustrialización, la ruina de muchas economías regionales y no concretó inversiones en el sector primario, como era su proyecto. Hay que señalar, además, que la fuga de divisas fue la consecuencia de una política sistemática de especulación financiera, de características iguales a la tablita cambiaria de Martínez de Hoz. El Banco Central emitía títulos de deuda, las Lebac, que representaban jugosas colocaciones para los especuladores del exterior y para la burguesía local. En este aspecto, Sturzenegger y Sandleris pusieron a disposición de la banca extranjera un instrumento financiero más sofisticado y más rentable que los simples depósitos bancarios del ciclo 1978-1981. La explosión del experimento macrista, se tradujo en devaluaciones, en inflación y en una recesión de enormes proporciones.

Sin embargo, hay que notar que el documento publicado por el gobierno sólo examina el balance cambiario a partir de 2016. Omite revisar esa columna para atrás. De hacerlo, se encontraría con una realidad muy negativa [2]. Durante el ciclo de gobiernos kirchneristas (2003-2015), la fuga de capitales al exterior, medida con la misma metodología y con la misma fuente, totalizó 102.600 millones u$s. Esta salida estuvo concentrada en 2007-2011, cuando se fugaron 93.900 millones u$s. Comparando este último tramo con el ciclo 2016-2019 se advierte que la diferencia es muy leve. A partir de 2012 ese drenaje de divisas se redujo porque el Banco Central se había quedado sin reservas y no encontraba fuentes de financiamiento en el exterior. Es cierto que entre el kirchnerismo y el gobierno de Macri hubo diferencias grandes en materia de aumento del producto, del salario y de empleo. Pero esas diferencias se borran en esta cuestión fundamental. Resulta notable la falta de autocrítica del peronismo que no hace ninguna referencia al respecto en el informe publicado.

Desde una perspectiva socialista, la salida de capitales es un fenómeno vinculado a las clases sociales. La fuga de divisas es llevada a cabo por los capitalistas para quienes la enorme riqueza acumulada sobre la base del trabajo asalariado no tiene perspectivas de valorización ni productiva ni financiera en el espacio nacional. Este problema crónico de la acumulación en la Argentina se reeditó, a pesar de la extraordinaria suba de los términos del intercambio que se vivió durante aquellos años (2005-2011), precisamente cuando la salida cobraba la mayor intensidad. Se registró además, en medio de lo que los economistas kirchneristas denominaron el impulso de la demanda agregada, a través de una política monetaria y fiscal expansiva. En toda esa época, ningún integrante de esos gobiernos pareció inmutarse por semejante manejo de las divisas por parte de la burguesía.

Históricamente, el capitalismo argentino registra ciclos de subas más o menos importantes, sobre todo cuando los precios internacionales son altos, pero no puede reconstituir las condiciones de acumulación. La industria también registró una expansión bajo los gobiernos kirchneristas, pero sobre la base de un aparato productivo desequilibrado que con el tiempo generó un déficit comercial de la balanza MOI que desembocó en la restricción externa de divisas. Esta es la razón básica por la cual las distintas fracciones del capital mandan sus fondos fuera del país. Ni la burguesía tiene un proyecto de acumulación ni los partidos políticos del sistema, más allá de sus diferencias en lo social y económico, son capaces de encontrar un programa viable de desarrollo que supere las condiciones de la dependencia y del atraso.

Estamos frente a un problema nacional vinculado a la clase social dominante. Cualquier replanteo exige la conformación de un bloque social que impulse una política totalmente distinta.

Esto vale para la coyuntura, como el importante proyecto de impuesto a las grandes fortunas que presentó el FIT-Unidad en Diputados y, fundamentalmente, para la discusión de un programa social y económico de crecimiento, en favor de los intereses de los trabajadores y el pueblo.









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