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Italia ante el coronavirus: ¿quién cuida a las que cuidan de la salud de la población?

En Italia, donde la pandemia del coronavirus puso al descubierto la crisis del sistema de salud, producto del constante vaciamiento, la historia de dos enfermeras se convirtió en viral. A través de sus redes sociales, ellas contaron su experiancia, que hoy trasciende las fronteras.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Lunes 16 de marzo | 12:18

La crisis sanitaria que acompaña la llegada del coronavirus se hace sentir en todo el mundo. Con los sistemas de salud privatizados, desfinanciados o con sus servicios completamente tercerizados desde hace décadas, la situación se agrava.

Y ante el colapso que golpea particularmente a los hospitales públicos -precisamente donde se atiende la enorme mayoría de la población-, son las trabajadoras y trabajadores, los y las profesionales de la medicina, las enfermeras, las trabajadoras que se ocupan de la limpieza y de la higiene del lugar, quienes realizan los mayores esfuerzos para garantizar la atención.

Pero, ¿quién cuida a quienes cuidan de la salud de la población? La experiencia de dos enfermeras italianas, Alessia Bonari y Elena Pagliarini, cuyas historias se volvieron virales en estos días, pusieron esa pregunta al descubierto. Ante la crisis que vive el país, donde millones siguen expuestos a condiciones insalubres, sin las garantías sanitarias elementales, y las personas mayores son directamente condenadas a morir sin atención, ellas le ponen cuerpo.

Leé la declaración de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional: Frente al coronavirus y la crisis de la salud pública: ¡nuestras vidas valen más que sus ganancias!

En el sector de la salud -un sector altamente feminizado, donde según datos de la OMS ellas representan al 74% entre los trabajadores de la rama en todo el mundo-, las mujeres enfrentan con solidaridad y valentía las consecuencias de la desidia y de los negociados que profundizaron, en estas últimas décadas, los gobiernos de turno, las conducciones sindicales burocráticas, los patrones y las instituciones del Estado de todo el planeta. Con esas alianzas se fueron socavando las ya endebles bases del sistema de salud que hoy vemos colapsar.

"Quise agradecerle con esa fotografía"

La primera en traspasar con su historia las paredes del hospital fue Alessia Bonari, una joven enfermera de Italia que contó su experiencia en Instagram, desde el hospital donde trabaja. Frente a un espejo, con su celular, acompañó su imagen con un texto en el que cuenta cómo vive la propagación de la enfermedad: "estoy físicamente cansada, la bata de laboratorio te hace sudar y una vez vestida ya no puedo ir al baño o beber durante seis horas", contó, y destacó que "al igual que todos mis colegas, que han estado en la misma situación durante semanas", "estoy psicológicamente cansada". "Esto no nos impedirá hacer nuestro trabajo como siempre lo hemos hecho", afirmó.

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Sono i un'infermiera e in questo momento mi trovo ad affrontare questa emergenza sanitaria. Ho paura anche io, ma non di andare a fare la spesa, ho paura di andare a lavoro. Ho paura perché la mascherina potrebbe non aderire bene al viso, o potrei essermi toccata accidentalmente con i guanti sporchi, o magari le lenti non mi coprono nel tutto gli occhi e qualcosa potrebbe essere passato. Sono stanca fisicamente perché i dispositivi di protezione fanno male, il camice fa sudare e una volta vestita non posso più andare in bagno o bere per sei ore. Sono stanca psicologicamente, e come me lo sono tutti i miei colleghi che da settimane si trovano nella mia stessa condizione, ma questo non ci impedirà di svolgere il nostro lavoro come abbiamo sempre fatto. Continuerò a curare e prendermi cura dei miei pazienti, perché sono fiera e innamorata del mio lavoro. Quello che chiedo a chiunque stia leggendo questo post è di non vanificare lo sforzo che stiamo facendo, di essere altruisti, di stare in casa e così proteggere chi è più fragile. Noi giovani non siamo immuni al coronavirus, anche noi ci possiamo ammalare, o peggio ancora possiamo far ammalare. Non mi posso permettere il lusso di tornarmene a casa mia in quarantena, devo andare a lavoro e fare la mia parte. Voi fate la vostra, ve lo chiedo per favore.

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"Soy enfermera y ahora mismo me enfrento a una emergencia sanitaria. También tengo miedo. Temo porque la máscara puede no adherirse bien a la cara, o puede que accidentalmente me haya tocado con los guantes sucios, o tal vez las gafas no cubran completamente mis ojos y algo haya pasado", escribió en su posteo, junto a la imagen que la muestra con las heridas que dejan en la piel las máscaras, anteojos y otras medidas preventivas.

Elena Pagliarini también es enfermera. Tiene 43 años, y su historia también se hizo viral. Una imagen suya, durmiendo sobre el teclado de una computadora, en una oficina del hospital donde trabaja, recorrió el mundo y también puso sobre la mesa lo que esconden los gobiernos, las instituciones estatales, las conducciones sindicales y los grandes medios de comunicación: para quienes combaten del otro lado del continente a la pandemia, que allí se desarrolla desde hace varias semanas, no hay tiempo ni para volver a casa.

La imagen de Elena Pagliarini, del hospital Cremon, en Italia, que recorrió el mundo.

"Es una gran profesional. En estos días de emergencia me impactó su sensibilidad. Cuando la vi descansar 5 minutos tras horas corriendo de un paciente a otro, tratando de ayudar a otro paciente que tenía fiebre e insuficiencia respiratoria, la miré y quise abrazarla, pero preferí capturar ese momento de tregua... Con los guantes, el barbijo y la bata desechables aún puestos”, contó a Cadena 100 de España Francesca Mangiatordi, la médica de la sala de emergencias que tomó la foto que se hizo viral. “Verla con las lágrimas en los ojos mientras atendía a los pacientes me conmovió y quise agradecerle con esa fotografía", dijo.

"Eran las seis de la mañana. Pero esa noche pasó de todo", contó Elena mientras el gobierno italiano pedía "responsabilidad social". Una vergüenza.

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Primero nuestras vidas

Las desigualdades sociales, la distancia entre quienes pueden acceder a las medidas de prevención y de atención que son necesarias para combatir la pandemia, y quienes no pueden hacerlo por falta de dinero, marcan brechas enormes: para quienes pueden atenderse en centros de salud privada o pueden pagarse aún con mucho esfuerzo una obra social, la realidad siempre alarmante, es una. Pero para quienes no pueden acceder a esos servicios que permanecen en manos privadas, para la amplia mayoría de las familias trabajadoras y para las familias más pobres de todo el planeta, la situación es otra.

Y quienes muestran una actitud verdaderamente solidaria, quienes más ocupados y preocupados están por garantizar el acceso a este derecho elemental, a la atención en salud, son -como sucede todos los días- quienes sostienen este sistema atravesado por las políticas de ajuste, los recortes presupuestarios, el vaciamiento de servicios y la tercerización de la atención, que se profundizaron en las últimas décadas de la mano de los gobiernos de todo el mundo.

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Las protestas en los lugares de trabajo, las huelgas y la autoorganización que estamos viendo en numerosos países, como en Italia y hoy en España, son una respuesta necesaria para enfrentar la prepotencia de los empresarios y de los gobiernos, y para comenzar a debatir las medidas a impulsar para enfrentar la pandemia, comenzando por destinar todos los recursos necesarios al sistema público de la salud; garantizar el descanso y las condiciones de trabajo de quienes sostienen cotidianamente ese sistema; centralizándolo y poniendo a disposición de toda la población los recursos primordiales, a través de la apertura de los hospitales privados, de la entrega de medicación y de insumos de prevención gratuitos para toda la población, de las licencias laborales para todas y todos los trabajadores, sin afectar el salario y prohibiendo los despidos durante el tiempo que se mantenga la situación de emergencia.

"Primero nuestras vidas" tiene que convertirse en un gran lema, en todo el planeta, para imponer esa salida. Una salida a favor de las grandes mayorías oprimidas y explotadas, y no de los grandes empresarios y de los organismos interesados en aumentar sus ganancias, aún en medio de una pandemia.

Se trata de una tarea urgente. Ni una menos también tiene que significar "primero nuestras vidas".







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