MENDOZA // OPINIÓN

Encender la mecha (con la derecha)

Una Inquisición antiñoqui, un protocolo antipiquete, limosnas en negro en paritarias estatales, techo en blanco para los aumentos privados. Tanto el gobierno nacional, como el provincial, están tirando de una cuerda que inevitablemente se cortará por lo más delgado, y lo más delgado, debemos entender que no somos los millones de trabajadores que hacemos andar un país, son los gobiernos, que en más de una ocasión debieron dar un paso al costado, después de atacar los derechos del pueblo obrero.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Jueves 25 de febrero de 2016 | Edición del día

Fotografía: cuyonoticias

Cuando se habla de clases dominantes, no se hace referencia solo a una elite privilegiada de la sociedad, que determina cuanto vale nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, cómo debemos vivir, donde deben estudiar nuestros hijos, etc., además de todo eso, está elite, apoyada en siglos de dominación clerical, y siglos de complicidad entre el poder político y el poder económico, ha moldeado, a su propia conveniencia, la formación cultural de millones de trabajadores.

Esta elite, que en definitiva no son más que los grandes empresarios que dictan el rumbo político de sociedades enteras, ha logrado convencer a muchos en la clase obrera, que todo lo que molesta hay que prohibirlo, hay que castigarlo, que aquel que disfruta lo que hace, no merece progresar, ya que para conseguir algo hay que sacrificarse, hay que esforzarse mucho, y quien no lo hace es un “vago”.

Curiosamente, la mayor parte del fruto de nuestro esfuerzo, se la lleva una minoría que tiene mucho más que un trabajador, y se sacrifica mucho menos, es decir que vive del generoso esfuerzo de aquellos que se consideran sacrificados trabajadores, pero que jamás llegarán a ser parte de esa elite.

Esta deformación cultural, ha llenado de preconceptos a la clase obrera, que entonces, tiende a estereotipar a sus semejantes, asumiendo y creyéndose sus propios prejuicios, por ejemplo que todos los “negros son chorros”, (incluso hay morochos que piensan esto), que todos “los pobres son vagos”, (incluso hay pobres que piensan esto), entonces, socialmente se juzga y se condena, a quienes a nuestro criterio entran en estas definiciones. Pero jamás dudamos de quien formó nuestro criterio, porque nadie se pregunta cómo consiguieron sus fortunas los miembros de la elite privilegiada, que dominan económicamente a la sociedad, y como dijimos, también la dominan culturalmente, moderando nuestra forma de pensar.

Mano dura y ñoquis ensuciando a trabajadores

Aprovechando esta generalizada idea del castigo disciplinador a quienes no encuadran en el concepto que nos han formado de un trabajador estándar, sumado a lo que dejó el doble discurso kirchnerista, que exacerbó en la sociedad está idea de gente que vive sin esforzarse , (y sin sufrir), más que sin trabajar. El Gobierno macrista, tanto como la gestión de Cornejo en Mendoza, salió a aplicar las más duras políticas en contra de trabajadores estatales, y las acompaña con un paquete de medidas represivas que buscan invisibilizar el creciente descontento que esas políticas están generando.

El gobierno kirchnerista con el pretexto de bajar tasas de desocupación, y de sostener políticas inclusivas, creó millones de puestos de trabajo, que eran y son tan válidos como cualquier otro desde el punto de vista práctico, pero nunca lo fueron desde el punto de vista formal, y mucho menos legal. Millones de trabajadores, recibiendo una retribución del Estado por su trabajo, pero sin encuadrarse legalmente como trabajadores, el ejemplo más tangible de esto, al menos en Mendoza, son los Trabajadores de los CAJ, (Centro de Actividades Juveniles), y los CAI, (Centro de Actividades Infantiles), que hacen un trabajo muy valioso, en apoyo a los docentes, pero nunca dejaron de ser tratados por el Kirchnerismo como aportantes periféricos de la educación y no como trabajadores de la educación. Cabe destacar que conscientemente o no, militantes kirchneristas o no, estos trabajadores toleraron este trato, y solo se acordaron de la importancia de ser reconocidos legalmente como trabajadores, cuando el nuevo gobierno los calificó de “ñoquis” y los dejó sin su salario, echándolos a la calle. También son responsables de esto, los Sindicatos del Estado que permitieron esta situación irregular durante 12 años.

Pero fue justamente este marco de irregularidad lo que le dio la excusa al gobierno entrante para enarbolar la consigna del Estado eficiente, de los ñoquis que cobran sin trabajar, y por todo lo mencionado, lograr la aprobación generalizada de la sociedad, cuando dejaba, y lo sigue haciendo, a miles de trabajadores de Estado en la calle. Muchos obreros diciendo: “ Se acabó la joda”, aplaudían, y bien lo digo en tiempo pasado, estas medidas, sin pensar que el trabajador del Estado es aquel que de alguna manera, está vinculado a brindar los servicios básicos a la población, y que al debilitar al Estado, se debilita a la Seguridad Social, a la Educación, y a la Salud pública.

Todos esos simpatizantes de la mano dura, de que “acá hay que laburar”, jamás se dieron cuenta de que el presidente de la Nación, Mauricio Macri, en 60 días de gobierno, sólo fue 9 veces a la Casa Rosada, alguna de ellas para sacarle fotos a un perro, y cobra más de $130.000 por mes, el 30% más que el último sueldo de Cristina Kirchner, parece que el sueldo presidencial no está sujeto al miserable 25% de tope que nos ponen a los trabajadores. O que el gobernador Cornejo, o la titular de Instituto Provincial de Juegos y Casinos, Josefina Canale, cobran sueldos de $70.000, o $50.000, mientras dejan sin sustento a familias cuyo ingreso no supera los $10.000.

Para el sector creciente de laburantes que hemos resistido a la deformación cultural impuesta, ha sido desde el comienzo una situación preocupante el tema de la peligrosa estigmatización que se hace a los laburantes del Estado, ya que justifica así los despidos, y se crea entonces, un ejército de desocupados que se traducen en mano de obra barata para nuestros patrones, y la constante amenaza que todos los laburantes conocemos, “si no te gusta como te trato, ándate, hay miles que trabajarían por la mitad de tu sueldo”.

Pero la dinámica de la sociedad, siempre echa por tierra todo lo establecido, y los que aplaudían que tantas familias quedaran en la calle, de alguna manera han sido afectados, personalmente tengo compañeros de laburo y amigos, cuyas esposas fueron despedidas después de años de trabajo. De alguna manera, todos conocen a alguien que trabaja en el Estado, en consecuencia todos están comenzando a saber que no son todos ñoquis, o que los verdaderos ñoquis aún están cobrando, y no $8.000 como un despedido, y el relato de un Estado eficiente, está cambiando ante la real situación de abandono que sufren los distintos sectores gubernamentales, desde la Salud, hasta las tareas municipales. Entonces el trabajador, hoy ve un basural lleno de yuyos, donde antes estaba el espacio verde que cruzaba camino al laburo. Y enseguida cuestiona en su pensamiento si era lo correcto para el Estado, tanto despido. O si los verdaderos ñoquis no son los que ganaron las elecciones. Y así, el relato del ñoqui se está desmoronando aceleradamente.

La patronal al poder

Los trabajadores identificamos perfectamente los usos y costumbres de nuestros patrones, en las políticas del nuevo gobierno, sobre todo los del sector privado. El sector público de trabajadores no estaba acostumbrado, (salvo casos excepcionales), a sufrir los atropellos constantes que son moneda corriente puertas adentro de las fábricas, de los supermercados, de clínicas privadas, entre otros, verdaderas dictaduras patronales. Hoy vemos que después de tanto despido, aunque algunos tecnicistas de los medios afines a Macri y Cornejo, lo llamen “recesión de contrato”, (tecnicismo que nada le importa al hijo de un trabajador que sufre una severa baja de su calidad de vida), ante tanta gente en la calle, que falta dentro de las reparticiones públicas, la cantidad de tareas a cubrir sigue siendo la misma, y el número de laburantes se redujo en miles, por consiguiente los trabajadores que quedan con el temor de ser los próximos en ser despedidos, acceden a trabajar más horas, en otras funciones, en otros puestos y en otro domicilio laboral, soportando presiones, controles persecutorios que afectan psicológicamente a cualquier ser humano. Concretamente, por dar un ejemplo, un cajero de Casino de Mendoza, hoy termina su turno en su lugar habitual de trabajo, y le comunican que mañana debe presentarse en el Casino de Uspallata, sin que a este Estado prepotente le importe un comino la consecuencia que tal atropello tiene sobre la estructura familiar de ese trabajador, total, “si no te gusta te vas”.

Como trabajador del sector privado, vivo mi propia experiencia en una empresa que despidió a cien trabajadores en los dos últimos años, y sólo incorporó a seis, con jefes sabuesos que le exigen a los trabajadores que quedan, la misma cantidad de producción, que atropella, al igual que lo está haciendo el Gobierno, los más básico derechos legales de cualquier laburante, despidiendo a quien se queja, despidiendo a quien se enferma, despidiendo a quien se accidenta, y además, amparándose en vericuetos administrativos para negociarles la indemnización a sus empleados.

Los trabajadores, reconocemos perfectamente que nuestros patrones están envalentonados por tener un gobierno que los identifica y representa, los trabajadores entendemos perfectamente que el poder en este Gobierno, lo tienen ellos. Hoy por hoy, no existe un temor generalizado a despidos masivos, similares a los del Estado, en el sector privado, pero hay una profunda preocupación por la escalada de precios, por los aumentos de tarifas, y por lo que sospecha será un aumento de paritarias escaso, que le impedirá hacer frente a sus obligaciones económicas, y sostener el estándar de vida conseguido en base a su trabajo. Y por cómo impactará en el mercado laboral la despiadada ola de despidos del Estado.

Muchos trabajadores están entendiendo, que cuando en una empresa privada un trabajador no rinde lo que el patrón espera de él, lo echa a la calle, y el problema pasa a ser del Gobierno y la tasa de desocupación. También se está entendiendo, que cuando el Estado, considera que un trabajador no le sirve, lo echa a la calle, pero no hace desaparecer el problema, simplemente transforma a un trabajador ocupado en uno desocupado, del que tendrá que encargarse tarde o temprano.

Muchos, después de confiar en la azul mirada del presidente Macri en campaña, hablando de “Pobreza Cero”, entienden ahora que un gobierno no puede manejarse como una empresa privada en lo que respecta a seres humanos, su obligación es encargarse de eliminar la pobreza y la desocupación, pero si ahora, además de los privados, la va a generar el Estado, no hace falta ser un experimentado politólogo para entender que se está encendiendo la mecha de algo que va a explotar en la cara de Macri o de Cornejo, en algún momento.

Cinco minutos y palo

En 60 días no solo quedó mucha gente en la calle, mayoritariamente laburantes del Estado, aunque los privados también tienen su parte, y entienden que desde el gobierno se les está dando vía libre en muchos temas laborales, también el gobierno desnudó impunemente su línea política, la de mejorar la situación de quienes más ganan en el país, de toda rama de la agricultura o la industria que exporte, es decir a esa elite privilegiada que domina la sociedad. Se les quitó todo impuesto o carga tributaria a las mineras. Y en el colmo de la frivolidad, se les redujo impuesto a los autos de alta gama, a esos que los trabajadores no accedemos.

En contrapartida, para los trabajadores, a los ya mencionados despidos, se les suman las paritarias condicionadas por un 25% de techo impuesto por el Ministerio de Trabajo, una burla a los docentes de todo el país con el desprolijo trato con que manejan su aumento anual, aumentos de impuestos y tarifas de los servicios públicos de hasta 500% en algunos casos, continuar pagando impuesto a las ganancias sobre el sueldo, cuando en campaña se prometió la eliminación total.

Todo esto es un cóctel explosivo, que está comenzando a generar una notoria efervescencia en algunos sectores de la sociedad, lejos de acusar recibo, desde el Gobierno, cual patrones de estancia, hacen oídos sordos al clamor popular, o más bien todo lo contrario, busca una herramienta legal a su medida, para acallar las voces de protesta a los palos. Un mamarracho jurídico que ignora a la Constitución Nacional, o a las leyes individuales, llamado Protocolo Anti-Piquete, y que la Ministra Patricia Bullrich, presenta como si fuera un gran producto, fruto de un estudio de mercado, pero que no resiste el menor análisis serio.

Lo que pretende el Gobierno con este protocolo, es imponer sus decisiones por la fuerza, como lo hacen sus amigos, los patrones de multinacionales, en connivencia con los gobiernos de turno, y usando como brazo ejecutor a las fuerzas del Estado.

Este protocolo es tan nocivo para la clase obrera, como son los despidos, o los bajos salarios, esto le daría a nuestros patrones, el beneficio de incumplir sistemáticamente con sus obligaciones, sin que nosotros tengamos la posibilidad de mostrar nuestro descontento al respecto, bajo riesgo de ser legalmente, “cagados a palos” por nuestro Gobierno.

Aprovechar el momento

La historia, y sobre todo la historia del movimiento obrero, está llena de momentos políticos como este, todos fueron una oportunidad para que la clase trabajadora, se desarrollara un poco más en beneficio propio, organizándose, y conquistando derechos a través de la lucha. Tenemos el ineludible compromiso de aprovechar este momento adverso para los laburantes, como un trampolín para elevar un poco más nuestras metas, mirando hacia la emancipación definitiva, pero caminando por la senda de la organización y la solidaridad de clase.







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